Juan Sin Miedo

Hoy vamos a presentarte otra de las historias de los hermanos Grimm que te vendrán genial para leerles a los niños antes de ir a dormir, y es que el siguiente cuento infantil de Juan Sin Miedo corto que te hemos resumido en Frases.Top es una de esas historias que casi todos conocemos. ¡Vamos con ella!

Cuento de Juan Sin Miedo Corto

Título en Español: Juan Sin Miedo
Género: Cuentos Clásicos
Autor: Hermanos Grimm
Fecha de Publicación: 1812

Había una vez un padre que tenía dos hijos. El mayor de ambos era muy listo y aplicado en sus estudios, mientras que el más pequeño era algo torpe. El menor, llamado Juan, tenía una cualidad que el mayor no tenía, no tenía miedo, nunca lo había sentido.

Juan no se sentía orgulloso de esta cualidad y pasaba el tiempo protestando y alegando que le gustaría aprender a sentir miedo.

Un día, el padre se sintió viejo. Sabía que su hijo mayor estaba preparado para la vida, pero sentía miedo por el menor, así que lo llamó:

—Hijo, no has aprendido un oficio y necesitas uno para ganarte la vida. Yo no tengo mucho que heredarle a tu hermano y a ti y quiero marcharme de este mundo tranquilo sabiendo que podrás vivir de un oficio.

—Padre, yo solo quiero aprender a tener miedo. En los libros y las historias hablan de temibles monstruos y bestias del mar y yo no experimento miedo alguno. La vida es aburrida sin miedo.

El buen hombre solicitó ayuda del sacristán del pueblo, quien le aseguró que ya le enseñaría a Juan a tener miedo. Fue así como Juan marchó a vivir con el sacristán. La primera noche el anciano párroco le ordenó tocar las campanadas, pero lo haría solo con ayuda de la luz de la luna, ya que no tenía miedo, no necesitaría de velas o antorchas.

—Ahora verás lo que es el miedo —dijo para si el párroco. Siguió a Juan y se ocultó en una esquina cerca de las escaleras de tal forma que las sombras solo dejaban ver su silueta.

El párroco permaneció inmóvil hasta que Juan lo vio:

—¿Qué haces allí? Fuera.

El sacristán no se movió. Quería parecer un espectro y asustar al muchacho.

—¿Eres sordo? La iglesia está cerrada. Debo tocar las campanas y me molestas —volvió a advertir el joven.

Al recibir silencio como respuesta el joven se acercó a la silueta.

—¿Necesita ayuda? Si no me responde lo tomaré por ladrón y lo arrojaré por las escaleras.

El sacristán no respondió, por lo que ni corto ni perezoso, Juan lo tomó por los hombros y lo arrojó por las escaleras. El viejo cayó diez escalones con tan mala suerte que quedó magullado y con una pierna rota.

Al día siguiente la mujer del sacristán regresó a Juan a casa de su padre. Este se enfureció porque ahora debía pagar el médico y los cuidados del sacristán. Estaba tan molesto que expulsó a su hijo de la casa y le arrojó una bolsa con cincuenta florines.

—Toma, son cincuenta florines, ve a recorrer el mundo y aprende algo con lo que ganarte la vida.

—Padre, tienes razón. Necesito aprender a tener miedo —insistió el muchacho.

—Haz lo que quieras. Ese dinero es todo lo que tengo para ti. Que sepas que aprender a tener miedo no te ayudará a ganarte el sustento en la vida —respondió el anciano.

Juan emprendió el viaje y un hombre con el que se cruzó le mascullar que quería conocer el miedo. Curioso, el hombre le preguntó su historia, le escuchó y como no le creyó le propuso una apuesta:

—En aquel árbol están los siete esposos de la hija del cordelero. Uno a uno su celoso padre los ha colgado. Si puedes pasar una noche bajo ese árbol, te daré cincuenta monedas.

Juan aceptó y al atardecer tomó asiento bajo el árbol. Al caer la noche encendió un buen fuego, pero a la medianoche, el viento helado era tan poderoso que ni la hoguera podía combatirlo. Las ráfagas movían los cuerpos y Juan sintió pena por los hombres ¡Se estaban helando! Así que los bajó y los sentó junto a él en el fuego.

Las llamas alcanzaron las ropas harapientas de los cuerpos y Juan se enfadó.

—¿Les ayudo a estar cálidos y ahora desean que les salve del fuego? Serán tontos. Estaban mejor allá arriba.

Así que volvió a la copa del árbol y colgó los cuerpos chamuscados.

Al día siguiente el hombre de la apuesta se presentó a Juan y le preguntó cómo había pasado la noche. Juan le explicó que los cuerpos tenían frío y que les había ayudado, pero que debían de ser siete hombres muy tontos como para dejar que el fuego les quemara la ropa.

—¡Eres un chiflado! —dijo el hombre. Pagó las cincuenta monedas y continuó su camino.

Juan emprendió de nuevo su viaje y llegó a una posada. Donde se presentó con un nuevo nombre que había ideado. Ya que no tenía miedo alguno ¡Que todos conocieran su desdicha!

—¿Juan Sin Miedo? ¡Qué nombre tan extraño! —dijo el posadero.

 Con el tiempo hombre se hartó de escucharle hablar sobre su gran deseo de conocer el miedo, decidió compartir con él una historia que rondaba entre los visitantes del lugar.

—Es que nunca he conocido el miedo en la vida. He dejado mi casa con el firme propósito de que alguien me enseñe lo que es.

—Creo que puedo ayudarte, joven. He conocido muchos viajeros y todos cuentan que más allá de ese valle, muy lejos, existe un castillo encantado por un mago malvado. El rey a quien pertenece el castillo ha prometido la mano de su linda hija al hombre que pueda recuperar su propiedad y el tesoro que en ella guarda. Para lograrlo, debes ser capaz de pasar tres noches seguidas en el interior del castillo. Hasta este día, todos los que lo intentaron huyeron o murieron de miedo.

—¡Iré a conocer el miedo! —aseguró el joven con confianza.

Juan se presentó ante el rey y le aseguró que pasaría las tres noches seguidas en su castillo.

—Si lo logras, mis riquezas serán tuyas y te convertiré en mi heredero al darte la mano de mi hija en matrimonio.

—No es necesario —aseguró el joven—. Yo solo deseo conocer el miedo.

Al monarca le agradó la sinceridad del muchacho y consintió que se enfrentara a la prueba.

—Puedes pedir tres cosas para llevar al castillo —indicó.

—Llevaré fuego, un torno y un banco de carpintero con su cuchilla.

Nada más entrar al castillo el joven encendió una hoguera, al hacerlo, aparecieron gatos negros gigantes que lo miraron con furia.

Cuento Juan Sin Miedo

—¿Tienen frío? No se queden allí maullando y acérquense al fuego —dijo Juan.

—¿Por qué mejor no jugamos cartas contigo? —dijo uno de los gatos.

—Claro, pero primero muéstrenme sus patas.

Todos los gatos le mostraron sus afiladas garras.

—¡Pero que uñas más afiladas! Yo se las cortaré, no pueden jugar cartas así.

Y así Juan Sin Miedo tomó a los gatos del cuello, los sujetó al banco del carpintero y les cortó las uñas. Los gatos al verse desprovistos de sus feroces garras se llenaron de pavor y huyeron del castillo.

Cuando el sueño empezaba a afectar al joven una gigantesca cama apareció frente a él. Asombrado por los servicios del castillo se acostó en ella y esta empezó a dar veloces vueltas por el castillo. Asombrado y divertido el joven aprovechó el viaje para disfrutar del castillo. Cuando se aburrió, bajó de la cama y se acostó junto al fuego.

Al día siguiente el rey regresó a su castillo, estaba convencido de que Juan no había sobrevivido, pero ahí estaba, sano y salvo.

—¿Ya sabes lo que es el miedo?

—Me he divertido paseando en la cama encantada, pero aún no sé lo que es el miedo.

Llegó la segunda noche y Juan tomó asiento junto fuego. De pronto se escuchó un estrépito, alaridos y gritos y cayó de la chimenea la mitad de un hombre.

—¡Vaya! Falta una mitad —Juan tomó aquella mitad y la dejó junto al fuego.

De nuevo se escucharon los alaridos y cayó una segunda mitad, el joven la unió a la primera y en un descuido el feo hombre que había armado tomó asiento en su banco.

—¡Ese es mi banco!

Forcejearon y Juan ganó. El horrible hombrecillo se alejó y desapareció en la oscuridad.

A medianoche cayeron de la chimenea varios hombres. Estos tenían nueve piernas humanas y dos calaveras para jugar a los bolos.

—¡Deténganse! —pidió Juan—. No pueden jugar así. Sus bolos no son redondos. Déjenme las calaveras.

Con ayuda del torno Juan dio forma redonda a las calaveras y luego se unió a los hombres. Estuvo jugando bolos con ellos durante toda la noche.

A la mañana siguiente el rey regresó y sorprendido por ver a Juan con vida le preguntó:

—¿Ya sabes lo que es el miedo?

—Me he divertido jugando a los bolos con calaveras y piernas humanas, pero no sé lo que es el miedo.

Así llegó la tercera noche. Juan estaba sentado junto al fuego pensando en el miedo cuando aparecieron seis hombres cargando un ataúd. El joven se acercó a ver el muerto.

—¡Esta helado! —dijo después de tocarlo. Lo sacó del féretro y lo acercó al fuego para calentarlo. Entonces el muerto empezó a moverse, recuperó la vida y se alejó del castillo muy enojado.

—Después que lo ayudo va y se enoja conmigo ¡Ya verás!

Juan persiguió al muerto y con ayuda de los seis hombres volvió a encerrarlo en el ataúd.

—Pfff, no sé qué es el miedo en verdad, pero parece que no lo conoceré nunca, ni aunque pase todas las noches de mi vida en este castillo embrujado —protestó el muchacho.

Entonces apareció un feroz ogro de barba blanca y larga y retó a Juan a un concurso de fuerza. Juan aceptó.

El viejo ogro tomó un hacha y la clavó con fuerza en un yunque. Luego entregó el hacha a Juan y le indicó que repitiera su hazaña o lo devoraría.

Juan observó que la larga barba del ogro había quedado en la hendidura del primer corte, así que descargó su hacha con todas sus fuerzas. El ogro quedó atrapado y no importó cuantos tirones diera a su preciada barba, no podía liberarse.

—Si me liberas te daré grandes tesoros —prometió.

Juan liberó al ogro y este fiel a su palabra lo llevó a las bodegas del palacio, donde le enseñó tres cofres rebosantes de oro.

En ese momento sonaron las doce campanadas, el hechizo desapareció y a Juan no le quedó más remedio que dormir junto al fuego.

Cuando el rey llegó al día siguiente se sorprendió de ver a Juan aún con vida y su palacio libre del hechizo.

—¡Gracias muchacho! Ya tengo mi castillo de regreso y te haré mi heredero, pero tengo una duda ¿Ya sabes lo que es el miedo?

—Aun no, ayudé a un muerto a recuperar el calor y competí con un ogro, pero no sé lo que es el miedo.

El rey cumplió su palabra y casó a su hija con Juan. La joven se hartó de escuchar a su marido protestar durante todo el día por su falta de miedo, así que una noche muy decidida dijo:

—Yo le enseñaré lo que es el miedo.

Corrió al río y cogió un barreño de agua helada cargada de pececillos. Luego corrió a la cama y mientras Juan Sin Miedo dormía se lo tiró por encima despertándolo de un buen susto.

—¡AAAAHHHHH! ¡Qué susto! —gritó Juan mientras tiritaba a causa del frío y manoteaba a los pececillos lejos de su cara—. ¡Qué miedo!

La princesa rio al ver a su esposo aterrado por unos simples peces de colores y luego se unió a su regocijo cuando este exclamó feliz:

— ¡Conque eso es el miedo! Gracias, cariño, gracias a ti ya puedo vivir feliz.

—Y yo guardaré tu secreto. Nuestros enemigos temen al príncipe Juan Sin Miedo. El reino vive en paz gracias a ti.

La princesa cumplió su palabra y por eso es que aún hoy a este curioso joven se le conoce como Juan Sin Miedo.

Personajes de Juan Sin Miedo

Juan Sin Miedo es una historia de los hermanos Grimm. Este cuento es la mejor opción para enseñar a los niños sobre el miedo y lo importante que es no temer a las situaciones que los demás dicen que dan miedo hasta poder experimentarlas por cuenta propia. El miedo irracional es el peor enemigo y no nos deja experimentar la vida ni disfrutarla y ese es uno de los consejos más valiosos de esta historia.

También destaca la astucia como un valor primordial para hacer frente a la vida y a los problemas y como esta no se relaciona con las habilidades que otros consideran valiosas.
Juan Sin Miedo
Para comprender estos aspectos, conozcamos a los personajes de esta historia:

  • El padre de Juan: es un hombre que considera que Juan es un muchacho torpe que no sabe nada valioso en la vida y que le permita subsistir.
  • El hermano mayor de Juan: es un muchacho común con una profesión, pero carece de astucia.
  • El sacristán: es un hombre de buenas intenciones que trata de enseñarle a Juan el miedo a los espíritus, pero fracasa.
  • El viajero: es un hombre muy curioso que le presenta a Juan una apuesta y fracasa ante la aparente inocencia del joven.
  • El posadero: es quien le comunica a Juan la gran prueba del castillo embrujado como una gran opción para conocer el miedo.
  • El rey: es un hombre honrado cuyo castillo fue embrujado por un terrible mago. Pide ayuda a los hombres más valientes de la nación, pero solo Juan, con su astucia y su curiosa forma de ver el mundo es quien logra liberarlo.
  • La princesa: es un gran ejemplo de astucia, no recurre a la magia ni a los espíritus, sino a una simple sorpresa para que Juan por fin pudiera conocer el miedo.

Vídeo Resumen de Juan Sin Miedo

Y hasta aquí hemos llegado con este resumen de Frases.Top del cuento de Juan Sin Miedo. No olvides compartir y seguir nuestras redes, así como tamién echarle un vistazo a los otros muchos cuentos increíbles y tambien la lista de cuentos para dormir cortos que tenemos en nuestro Portal. ¡Hasta pronto!

Publicado el 24 de septiembre 2020

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