El Muñeco de Nieve

Cuando llegamos a unas fechas tan señaladas, seguro que te quieres embriagar del Espíritu Navideño, y que mejor que los cuentos de Navidad como el siguiente de El Muñeco de Nieve corto y resumido que te traemos en Frases.Top. Prepárate para embarcarte en sus aventuras y adentrarte en su mundo y personajes. ¡Cemencemos!

Cuento de El Muñeco de Nieve Corto Resumido

Título en Español: El Muñeco de Nieve
Género: Cuentos de Navidad
Autor: Hans Christian Andersen
Fecha de Publicación: 2 de marzo de 1861

Era un helado día de invierno, la calle estaba cubierta de nieve y los niños habían decidido divertirse creando frente a una casa un hermoso muñeco de nieve. Tenía por ojos dos trozos de tela triangular y le habían colocado la parte inferior de un rastrillo como boca, por lo que incluso tenía dientes y una sonrisa muy bonita. Al cuello llevaba una bufanda raída, incluso tenía dos manos muy completas hechas con ramas secas de un árbol cercano.

—¡Como cruje mi cuerpo! El frío es maravilloso —exclamó el muñeco de nieve un día—. Este viento cortante llena de vida mi corazón, pero ¿Dónde está ese odioso disco amarillo que abrasa todo a su paso? ¡Ahí está! ¡Huyendo del frío! —dijo con alegría al ver como el sol se ponía— ¡Vete y no regreses! Aún estoy firme sobre la tierra.

Pronto la luna llena salió y llenó el cielo con su hermosa luz azulada.

—Y ahí está de nuevo, saliendo por el otro lado —protestó el muñeco de nieve, pues creía que era el sol que salía otra vez— ¡Ríndete! Tu luz ahora es fría, solo podrás verme disfrutar del día ¡Como quisiera tener piernas para dar un paseo! Quisiera patinar como lo hacen los niños.

—¡Fuera, fuera! —ladró un viejo mastín. Su ladrido era ronco, pues ya no era perro de interior ni podía disfrutar del calor de la estufa en el invierno—. El sol regresará y te enseñará a correr, muñeco de nieve. El año pasado lo hizo con tu antecesor, —y volvió a ladrar— ¡Fuera, fuera, todos fuera!

—No te entiendo, amigo —dijo el muñeco de nieve— ¿Puede ese círculo de luz enseñarme a correr? —Señaló a la luna—. Lo cierto es que sabe correr, se metió por un lado y salió por el otro.

—¡Que ignorante! —replicó el mastín—. No me extraña, solo eres un niño, hace poco que te armaron. Eso que está en el cielo es la Luna y lo que se escondió en la tierra era el Sol. Mañana regresará y te enseñará a correr hasta que llegues al foso de la muralla. El clima está por cambiar, lo siento en mis huesos, me duele la pata izquierda de atrás.

—No entiendo —dijo el muñeco de nieve—. Pero se escucha como algo terrible. Si, debe ser algo malo, el sol me miraba fijamente durante el día. No puedo fiarme del sol.

—¡Fuera, fuera! —ladró el mastín, dio tres vueltas sobre sí mismo y regresó a su perrera.

El mastín tenía razón, el tiempo cambió. En las horas que precedían al amanecer una niebla húmeda y muy espesa cubrió la ciudad y con la llegada del amanecer, un feroz viento helado corrió por las calles, pero la belleza del final del invierno estaba cerca. El sol reveló la escarcha que cubría los árboles y una gran sorpresa: hermosas flores blancas y pequeñas hojas empezaban a nacer en las ramas desnudas. El abedul bailaba con el viento, habría recuperado la flexibilidad del verano.

—¡Que hermoso! —exclamó una mujer que había salido al jardín de la casa en compañía de un joven. Ambos se detuvieron junto al muñeco de nieve—. Ni siquiera en verano este espectáculo es tan bello.

—En verano no tenemos personajes como este —agregó el joven y señaló al muñeco de nieve.

La muchacha tomó al muñeco de nieve y empezó a bailar con él, haciendo crujir la nieve bajo sus pies.

—¿Quiénes son? —preguntó el muñeco al mastín—. Tú eres más viejo que yo en esta casa ¿Los conoces? ¿Son de fiar?

—Claro que los conozco y son de fiar. La muchacha siempre me acaricia y me regala huesos, nunca la muerdo —respondió con orgullo el mastín.

—¿Y qué hacen aquí? —preguntó el muñeco.

—Son novios —respondió el perro con un gruñido—. Pronto se instalarán en su propia perrera a roer huesos.

—¿Son importantes como nosotros?

cuento el muñeco de nieve

—Son familia de mis amos —dijo el perro— ¡Vaya que sabes pocas cosas! yo soy muy viejo y tengo relaciones, conozco a todos los que viven aquí. Antes era un pequeño perro y todos me querían ¡Fuera, fuera! No me ataban fuera en el frío.

—El frío me sienta bien —celebró el hombre de nieve— ¡Cuéntame tu historia!

—¡Fuera, fuera! —ladró el mastín—. Está bien. Te contaré. Cuando era cachorro vivía en el palacio, tenía una silla de terciopelo para dormir o descansaba en el regazo de la señora. Me llenaban de besos y limpiaban mis patas con suaves pañuelos. Se deshacían en halagos conmigo, pero un día crecí y me entregaron al ama de llaves, terminé viviendo con ella en esta casita. Me convertí en el amo de la casa, era más pequeña que el palacio, pero era cómoda, no había niños que me fastidiaran y la comida era buena y abundante ¡Incluso tenía una estufa! Cuando llegaba el invierno me acurrucaba debajo de ella ¡Fuera, fuera!

—¿Es hermosa una estufa? ¿Es cómo yo? —preguntó el muñeco de nieve.

—No, es lo contrario a ti, es negra y tiene un cuello largo de latón. La alimentan con leña y vomita fuego a cambio. Es delicioso estar junto a una, o debajo o encima, porque esparce mucho calor. Si quieres ver una solo tienes que asomarte a la ventana.

El muñeco de nieve miró por la ventana y encontró la estufa, el fuego brillaba en su interior y el muñeco sintió un extraño llamado en su interior, una sacudida que no pudo explicar, pero que todos los seres humanos experimentaban o experimentarían alguna vez.

—¿Por qué la abandonaste? ¿Cómo fuiste capaz de dejarla sola?

—Me obligaron —respondió el mastín—. Me dieron un hueso y el señorito de la casa trató de quitármelo. Lo mordí, mi lema es “pata por pata” pero no lo entendieron y desde entonces paso mi vida apresado con esta cadena y ya no puedo ni ladrar, el frío me roba los ladridos ¡fuera, fuera!

Pero el hombre de nieve ya no lo escuchaba,

El hombre de nieve ya no lo escuchaba. Tenía la mirada fija en la estufa del ama de llaves ¡que esbelta en sus cuatro patas de hierro! ¡Era tan voluminosa como él!

—Mi cuerpo cruje —dijo el muñeco— ¿Crees que me dejen entrar a ver la estufa? Siento un deseo inocente y los deseos inocentes deberían verse cumplidos ¡Mi único anhelo es estar cerca de esa hermosa estufa! ¡Quiero apoyarme en ella!

—Nunca podrás entrar, si lo haces ¡Desparecerás! —dijo el mastín.

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—Creo que estoy desapareciendo, crujo tanto por ella que me siento derretir.

El muñeco de nieve pasó todo el día en aquel lugar mirando por la ventana y por la noche se sintió suspirar de nostalgia ¡Como brillaba la estufa! Era como el sol o la luna y de vez en cuando escupía una llamarada y teñía con su luz roja el pecho del muñeco de nieve.

—¡Que linda es cuando saca la lengua! —dijo entre crujidos.

Cuando llegó la madrugada el hielo cubrió la ventana y le impidió ver a su amada, entonces crujió y rechinó enojado ¡Que molesto era el frío que tanto había amado!

—Esa es una mala enfermedad para ti, muñeco de nieve—dijo el mastín—. Yo la padecí un tiempo, esa nostalgia, pero me curé ¡Fuera, fuera! Recuerda lo que te digo, se viene un cambio de tiempo.

Y el mastín no se equivocó, pronto inició el deshielo. El pobre muñeco de nieve se derretía con el paso de los días, pero no se quejaba ni decía nada, estaba absorto en su amada.

Un día se derritió por completo. En el lugar solo quedó el atizador de la estufa. Los niños lo habían utilizado como base para mantener erguido su muñeco de nieve.

—Ahora lo entiendo—dijo el mastín—. No era solo nostalgia, era el atizador, esa era la inquietud que sentía en su corazón. Bueno, ahora está superada—suspiró con tristeza y luego ladró:— ¡Fuera, fuera! —a unas niñas que jugaban en el jardín cantando:

Brota, asperilla, flor mensajera;

cuelga, sauce, tus lanosos mitones;

cuclillo, alondra, envíennos canciones;

febrero, viene ya la primavera.

Cantaré con ustedes

y todos se unirán al jubiloso coro.

¡Baja ya de tu cielo, oh, sol de oro!

¡Quién se acuerda hoy del hombre de nieve!

Personajes de El Muñeco de Nieve

El muñeco de nieve o El hombre de nieve es un bonito cuento de amor de Hans Christian Andersen sobre un muñeco de nieve y su amor imposible por una estufa. Es un cuento que nos demuestra que nos sentimos atraídos por aquello que nos hace sentir completos. Andersen vivió toda su vida amores no correspondidos, como el muñeco de nieve, por lo que en este cuento plasma varios tipos de amor.

Es una historia perfecta para enseñar a los niños que existen varios tipos de amor en el mundo y que todos son válidos y hermosos.

Entre los personajes podemos destacar:

  • El muñeco de nieve: es un ser puro e inocente, recién creado en el mundo desconoce todo lo que le rodea. El amor que siente despertar por la estufa lo desconcierta, pero se permite vivirlo en toda su intensidad.
  • El mastín: es un perro viejo víctima de la incomprensión de los seres humanos, comparte su sabiduría con el muñeco de nieve. Explica al hombre de nieve lo que es el amor convencional, ese que lleva a “compartir una perrera y roer huesos juntos”.
  • La pareja de jóvenes: son familia del ama de llaves dueña de la casita. Son libres y felices con su amor y sus aspiraciones de compartir calor y sus bienes.
  • La estufa: es el objeto de amor del muñeco de nieve. Ella solo escupe fuego y brinda calor, sin ser consciente del amor que le profesa el muñeco de nieve.

Vídeo Resumen del Muñeco de Nieve

Y ya hemos finalizado con este cuento de El Muñeco de Nieve corto y resumido. Si te ha gustado, no olvides ver todos nuestros cuentos de Navidad cortos, así como la sección principal con todos los cuentos para niños infantiles de Frases.Top. Tampoco te olvides de seguirnos y compartir para que no te pierdas nunca nada y ayudarnos a hacer crecer la Comunidad de Nuestro Portal Frases.Top. ¡Hasta pronto!

Publicado el 29 de abril 2020

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