El Principe Feliz

Hoy vamos a ofreceros de una de las más famosas obras infantiles para niños (si no la más famosa) de Oscar Wilde, porque el siguiente resumen del cuento El Príncipe Feliz corto y original que te vamos a mostar, es de las obras más clásicas y populares perfecta para leer a tus hijos antes de dormir para que aprendan así nuevos valores todas las noches. ¡Vayamos a verlo!

Resumen del Cuento El príncipe Feliz Corto

Érase una vez en Europa una ciudad y en su centro una columna desde la cual se alzaba la estatua del Príncipe Feliz. Era una estatua muy bonita, su centro era de plomo y estaba revestida de oro fino, tenía zafiros en los ojos y un gran rubí rojo en el puño de su espada.

Tal era su belleza que era muy admirada. Los niños decían que era un ángel, para horror de sus profesores que odiaban que los niños soñaran, los hombres la admiraban en silencio para no ser considerados poco prácticos y las madres lo utilizaban de ejemplo para que sus niños se portaban bien.

Los pobres de la ciudad solo podían admirarla y desear ser tan felices como la estatua.

Mientras esto ocurría, una golondrina cruzó la ciudad. No había emigrado con sus amigas golondrinas a Egipto, pues se había enamorado de un junco del río. Ella le había preguntado si aceptaba su amor y el junco le había hecho una reverencia.

—Es un junco, es pobre y tiene mucha familia—dijeron las demás golondrinas en verano—. Además, es muy coqueto, hace reverencias a todo el mundo—dijeron en otoño.

Pero la golondrina solo lo dejó cuando descubrió que el junco no podía viajar con ella a Egipto. Estaba muy atado a su hogar. Furiosa, la golondrina voló a la ciudad, llevaba ya seis semanas de retraso en su viaje a Egipto y el frío del invierno se dejaba sentir.

Por suerte, encontró la estatua y feliz de tener una habitación de oro, se refugió a sus pies. Estaba profundamente dormida cuando sitió que caían sobre su cabeza, una, dos y hasta tres gotas de agua. Molesta, revisó el cielo, pero no estaba lloviendo.

—Buscaré un lugar mejor, estas habitaciones de oro solo son puro lujo y nada de practicidad—protestó—. No hay nada mejor que una buena chimenea.

Estaba por abrir las alas cuando lo vio. Era la estatua quien lloraba. De sus ojos de zafiro escapaban gruesos goterones.

—Eres el Príncipe Feliz—dijo la golondrina al reconocerlo— ¿Por qué lloras?

—Ay golondrinita, cuando yo estaba vivo y tenía un corazón humano y no de plomo, vivía en un palacio de altas murallas. Era feliz en la corte, jugaba con mis amigos y por las noches disfrutaba de las fiestas. Era muy feliz, porque todo lo que me rodeaba era hermoso, colorido y cálido. Viví así y así morí. Ahora que me he elevado a los cielos, veo la pobreza de mi pueblo, las falsedades de los ricos y la miseria y solo puedo sentir como se rompe mi corazón.

La golondrina estaba sorprendida, pues creía que la estatua era de oro macizo y no de plomo. Pero no dijo nada, era una golondrina muy educada.

—Allá abajo—dijo la estatua con la voz rota—. En esa oscura y humeda callejuela, hay una casita. Junto a la chimenea se sienta una mujer con las manos hinchadas y llenas de pinchazos de aguja. Es costurera y su trabajo es bordar pasionarias sobre un vestido para una bella dama de la corte, tiene que estar listo pronto, pero no puede terminar. Tiene hambre y está preocupada por su hijo, quien duerme en su cama preso de la fiebre. El niño pide naranjas, pero la mujer solo puede darle agua del rio. Golondrinita por favor, llévale el rubí de mi espada. Yo no puedo hacerlo, mis pies están pegados al pedestal.

—Me esperan en Egipto—respondió la golondrina—. Allá hace calor y con mis amigas jugaré sobre el Nilo y me posaré sobre el sepulcro del Gran Rey.

—Por favor, Golondrinita. Se mi mensajera esta noche. Ayuda a ese pobre niño.

—Lo haré—cedió la Golondrina—. Aunque no me gustan los niños, me tiran piedras en el río.

Y así, la golondrina tomó el rubí y lo llevó a la madre del niño, dejándolo sobre su dedal. Luego, abanicó el rostro del pequeño, ayudándolo a dormir pese a tener fiebre. Al regresar, pasó frente a una gran mansión, donde una joven dama se quejaba desde el balcón con su novio.

—Esa costurera perezosa, no ha terminado de bordar las pasionarias de mi vestido.

Y así la golondrina recorrió la ciudad, viendo los barcos y el gueto judío. Regresó con el príncipe y le contó lo que había hecho.

—Pese al frío, siento calor en mi pecho—dijo la golondrina y pasó el día reflexionando. Al llegar la noche, dijo al príncipe—: Ahora si parto para Egipto.

—Por favor golondrinita, desde aquí he visto a un pobre escritor que no puede acabar su obra y el director del teatro la ha pedido para mañana. Tiene hambre y frío, llévale uno de mis zafiros. Han sido extraídos en la India y valen mucho. Con uno podrá comprar leña y comida.

Tanto rogó la estatua que la Golondrina tomó uno de sus ojos de zafiro y voló hacia la casita del escritor. Dejó el zafiro sobre las violetas marchitas que decoraban el escritorio del joven. Al sentir el aleteo del pájaro, el escritor alzó la vista y descubrió el zafiro.

—¡Que suerte! Un regalo de un admirador. Empiezo a ser un escritor reconocido.

La golondrina regresó la siguiente noche con el príncipe para despedirse.

—Ahora parto para Egipto, la nieve casi ha llegado y el frío es malo para mí. En Egipto hay palmeras y hermosas piedras preciosas. Traeré para ti otro rubí y un nuevo zafiro.

—Solo quédate esta noche, golondrinita—rogó el príncipe—. En la plaza hay una niña que vende cerillas. Se le han mojado con la lluvia y no pudo venderlas. No puede regresar a casa sin dinero o su padre le pegará. Llévale mi otro zafiro. Su padre estará satisfecho.

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—¡Pero quedarás ciego!

—Haz lo que te digo, por favor, golondrinita.

Y así, el príncipe feliz quedó ciego. La golondrina no podía dejarlo en ese estado, pues lo amaba profundamente. Se posó en su hombro y le contó las miserias de la ciudad y sobre lugares lejanos que había visitado en sus migraciones.

—Arranca las placas de oro que me cubren y repártelas entre los pobres. El oro hace felices a los hombres.

La golondrinita partió en su nueva misión, repartió el oro entre los pobres de la ciudad y disfrutó de sus vítores y cantos, pues ya tenían como comprar pan.

La nieve y el hielo llegaron a la ciudad. Las calles relucían con el hielo y el viento cortaba la piel al pasar. La pobre golondrina sentía cada vez más fría, pero no podía abandonar al príncipe. Comía las migas de pan de la panadería y agitaba sus alas para darse calor, pero una noche se sintió morir.

—Adiós mi amado príncipe, debo partir. Permíteme besar tu mano—dijo desmayada.

—¿Partirás a Egipto? Ya era hora. Pero bésame en los labios, porque he llegado a amarte hermosa golondrina.

—No partiré a Egipto—dijo la Golondrina—. Me voy a la morada de la Muerte ¿No es ella es la hermana del Sueño? —con sus últimas fuerzas voló hasta los labios del príncipe. Depositó un beso en ellos y cayó muerta a sus pies.

Un crujido se escuchó desde el interior del príncipe feliz, su coraza de plomo se había partido en dos.

Esto fue descubierto por el alcalde de la ciudad, quien no podía permitir que un príncipe con aspecto de pordiosero se encontrara en un pedestal y mucho menos, que hubiera aves muertas a sus pies. Ordenó que fundieran la estatua y arrojaran a la golondrina a la basura.

—El corazón de plomo no se derrite—dijo el herrero.

—Tíralo con la golondrina, si no es útil, es basura—dijo el alcalde.

Desde el cielo, Dios ordenó a uno de sus ángeles que le trajera las dos cosas más hermosas de la ciudad. El ángel regresó con el corazón de plomo y la golondrinita muerta.

—Es una buena elección—dijo Dios—. El ave cantará en el jardín del Paraíso y el príncipe entonará mis alabanzas.

El Príncipe Feliz de Oscar Wilde: Personajes y Análisis

El príncipe feliz o The Happy Prince, es un cuento escrito por el poeta, dramaturgo y escritor irlandés Oscar Wilde. Esta obra fue publicada por primera vez en 1888 en el libro: El príncipe feliz y otros cuentos. Oscar Wilde lo escribió dos años después del nacimiento de su último hijo, Vyvyan Holland. Es una obra moralista y educativa que busca transmitir valores y principios éticos a sus lectores.

Personajes

  • Príncipe Feliz: Es uno de los protagonistas del cuento. Es un príncipe que en vida fue muy feliz y ahora que es una estatua y puede ver la miseria de la ciudad se siente triste.
  • Golondrina: Es la otra protagonista. Tiene un gran corazón dispuesto a entregar mucho amor, aunque en un principio pueda parecer un personaje muy altivo, con el ejemplo del príncipe aprende sobre la bondad.
  • Alcalde: Es un hombre ocupado, siempre preocupado en mantener bonita la ciudad y ocultar la miseria.
  • Concejales: Siguen al alcalde y solo acatan lo que dice. Opinan como él y repiten cada una de sus palabras.
  • Junco: Es el primer amor de la golondrina y quien le rompe el corazón.
  • Costurera: Es una pobre mujer que trabaja casi al borde de la esclavitud para mantener a su hijo.
  • Niña de las cerillas: Representa el trabajo infantil en la Europa de la Revolución Industrial. Es una niña que debe vender cerillas para colaborar con la subsistencia de su familia.
  • Escritor: Es el artista que muere de hambre y frío y a pesar de eso se esfuerza por brillar.

Análisis

Este cuento de Oscar Wilde pertenece al género narrativo, subgénero: Cuento. Es una historia breve con un único tema central y pocos personajes. Según la época en la cual vivió Oscar Wilde, este cuento se puede clasificar según dos variantes: Realismo y naturalismo.

Formó parte del realismo del siglo XIX porque nos representa la realidad cotidiana, las dificultades sociales que atravesaba Europa en ese momento y las consecuencias de la Revolución Industrial. Muchas empresas crecieron de manera descomunal, creando una clase social de ricos burgueses mientras que el proletariado o trabajadores solo se hacían más pobres.

En el realismo no encontramos héroes románticos, sino personas afectadas por su entorno. En este cuento podemos ver la miseria, la riqueza en pocas manos y un gobierno ególatra e incompetente preocupado por las apariencias y no por las personas. Wilde nos muestra en El Príncipe Feliz la marginación y la injusticia social. Es una historia muy triste, pero con un final feliz.

La narrativa de Wilde es muy ágil, utiliza los adjetivos con mucha soltura y emplea los diálogos para definir bien a los personajes, intercalando párrafos muy descriptivos del entorno. Repite palabras y frases con rima que son importantes en el aspecto psicológico y didáctico del cuento.

Los valores que promueve este cuento son atemporales, es decir, se mantienen vigentes en la actualidad y se mantendrán incluso en el futuro.

El mensaje de este cuento no es explicito, se encuentra en la trama, en el sacrificio del Príncipe por el prójimo y la golondrina por su amor y en el premio que reciben de manos de Dios en forma de vida eterna.

Vídeo del Cuento El Príncipe

Y hasta aquí con este cuento de Oscar Wilde. Espero que te haya gustado nuestro resumen de El Príncipe Feliz para leer a los niños antes de dormir. Si ha sido así, no dudes en compartir este cuento por tus redes sociales con un enlace a nuestra fuente. También te invitamos a ver más cuentos clásicos para niños, la lista completa de cuentos de princesas cortos, y como no, toda nuestra sección de cuentos infantiles cortos para niños. Ya por último, te recordamos que puedes seguirnos a través de nuestras redes sociales para estar siempre al día de todas las nuevas publicaciones que traemos cada día. ¡Hasta siempre!

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